Más de 1.000 millones de personas en el mundo entero viven con alguna forma de discapacidad. Casi 93 millones de esos discapacitados son niños. Estas personas suelen verse marginadas a causa de los prejuicios sociales acerca de las diversas modalidades de discapacidad y la limitada flexibilidad de los agentes sociales para atender a sus necesidades especiales. En la vida cotidiana, los discapacitados padecen múltiples desigualdades y disponen de menos oportunidades para acceder a la educación de calidad que se imparte en contextos integradores.
La UNESCO apoya diversos tratados y convenios internacionales relativos a los derechos humanos que proclaman el derecho a la educación de todos las personas promoviendo las políticas, los programas y los métodos de la educación integradora, con el fin de garantizar la igualdad de oportunidades educativas a las personas con discapacidad, entre otros el Artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), la Convención relativa a la Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza (1960), la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) y el Artículo 24 de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006).
Desde el punto de vista de la Educación Física, los alumnos con cualquier tipo de discapacidad, debido a trastornos en sus mecanismos sensoriales, o de elaboración y organización de la tarea, o de ejecución, se restringen o carecen de la capacidad de realizar una actividad de la forma o grado que se considera normal para un ser humano.
Para que ellos puedan alcanzar los conocimientos que la escuela les brinda se deben realizar adaptaciones curriculares, ya sea de contenidos, de estrategias, de tiempos, de evaluación, etc. Las adaptaciones son diversas y son proporcionales al grado de discapacidad, y lo que interesa en nuestra área de Educación Física, al volumen de acción del alumno. A la hora de integrar a un alumno con discapacidad a nuestra clase de Educación física deberemos tener en cuenta ciertos puntos: Recolección de datos (sobre la patología, historia clínica, etc) y una evaluación individual del alumno (referente al aspecto postural, cinético, perceptivo-motor, cognitivo-motor, etc).
En definitiva todos los alumnos son distintos. Todos los alumnos deberán educar su cuerpo y sus movimientos. En nuestras clases de Educación Física cada uno de nuestros alumnos debe incorporar un conocimiento asequible y significante. Algunos necesitarán adaptaciones para poder adquirir dichos conocimientos pero siempre en el contexto general de nuestra práctica, nunca aislados con ideas de mejorar algún aspecto de la educación sin el valor social que debe tener.
La Educación física se debe entender como una materia para la diversidad dentro de un contexto social que haga participe a cada uno de los alumnos en el máximo de sus capacidades sin perder los objetivos pedagógicos del grupo escolar. Tarea nada sencilla, pero no imposible.

